Suplemento
Martes 21 de Octubre de 2003
 
 
 
 
 
 
 
 
 
22-Octubre-2003
 
23-Octubre-2003
 
24-Octubre-2003
 
25-Octubre-2003
 
26-Octubre-2003
 
27-Octubre-2003
 
28-Octubre-2003
 
29-Octubre-2003
 
30-Octubre-2003
 
31-Octubre-2003
 
01-Noviembre-2003
 
02-Noviembre-2003
 
03-Noviembre-2003
 
04-Noviembre-2003
 
05-Noviembre-2003
 
06-Noviembre-2003
 
 
 
ANTONIO AGUILAR

Ni catrín, ni chilango, ni romántico: un ídolo ranchero montando su caballo

POR CECILIA KÜHNE

Sánchez Tello le dijo a Aguilar: “óyeme, a mí no me friegues, tú eres ranchero... no puedes ser catrín, no puedes ser chilango, tú eres ranchero.

Don Antonio, a pesar de que pudiera estar cansado de platicar su vida, de responder preguntas una y otra vez, de agobiarse por el recuerdo de imágenes que se suceden sin cesar es un conversador nato.
Todavía detrás de su escritorio, con fotos y premios a su alrededor, negándose a tomar “un cafecito” y escuchando atentamente las intervenciones de sus dos hijos, se preocupa si está siguiendo el hilo de la plática, si no ha saltado de un lugar a otro. Claro que no. El espíritu y el sentimiento se forman con un buena conversación y Antonio Aguilar lo sabe. Escuchándolo lo de menos son los saltos. No importa por dónde empiece, en qué lugar quiera retomar, cómo transcurre el tiempo y si quiere hablar de lo que fue o de lo que vendrá, finalmente el futuro es otra vez el pasado pero recorrido por otra puerta.

-Estábamos hablando de lo del cine, dice Toño
Don Antonio lo sabe pero, justo en este momento, se le antoja hablar de otro de los grandes cambios que pasó en su vida. Uno que se relaciona no sólo con el cine y el canto sino con su imagen como artista y ser humano, con su modo de vivir: el momento en que pasó de “Tony Aguilar, el ídolo romántico” a “Antonio Aguilar el ídolo ranchero”. La fortuna y los consejos tuvieron mucho ver.

- Un productor de cine, Alfonso Sánchez Tello )cuenta don Antonio con la mirada fija en el caballo blanco de porcelana que tiene delante de él- llegó conmigo, en la época cuando comenzaba a salir en la pantalla, y me dijo-. “óyeme, a mí no me friegues”, no me lo dijo con esas palabras, por supuesto, “tú eres ranchero, caminas así, tienes además los flancos muy abiertos, no puedes ser catrín, no puedes ser chilango, tú eres ranchero”. Yo ni tuve tiempo de quedarme pensando. Yo era así. El tenía razón.

Don Antonio guarda silencio y parece acordarse de cuando Rosita Quintana, quería impedir a toda costa que Aguilar cantara ranchero. Ella y José Alfredo Jiménez eran las estrellas rancheras más importantes del momento. La Quintana, que tenía mucho público, alternaba con él en el Follies, no quería que El Mariachi Vargas de Tecalitlán lo acompañara. Aguilar, siempre un caballero, aceptó el capricho femenino salió del Follies y se fue, muy quitado de la pena, a contratar a un mariachi de Tepito. Entonces, para la presentación de aquella noche, se puso a cantar un repertorio de corridos, éxitos tradicionales y auténticamente rancheros no sólo para deleitar al público sino para dejar sin argumentos a Rosita y a todos los que tuvieran alguna duda de su talento. La ovación fue avasalladora. Los sentimientos exaltados y el fervor nacionalista lo convirtieron, a partir de esa noche y hasta la fecha, en un auténtico abanderado de la canción mexicana. Y a pesar de que la prensa especializada se resistió, hasta mediados de los años 60, a llamarlo así, Antonio Aguilar había dejado a Tony muy atrás.

Corría el año de 1954 cuando filmó esta cinta y otras tres más que lo convirtió en un ídolo más allá de las fronteras.

Aguilar,.que no ha perdido el hilo, continúa su narración:
- Sí soy ranchero, le dije a Sánchez Tello. “ Pues quiero que me hagas una película”, me pidió. ¿De ranchero? Le pregunté yo, todavía dudando. Y él me responde: “Sí hombre, te doy lo que quieras”. A mi ya se me iba metiendo el gusanillo, y no por el dinero. ¿Voy a salir a caballo?, le pregunté. “ Sales a caballo”, me juró. “Si eso es lo que quieres, sales a caballo.” Y le dije que sí iba a hacer la película. Pero antes agarré el caballo. Me dediqué a andar pa, arriba y pa, abajo demostrando mi capacidad, presumiendo, pues. Mostrándoles a todos lo que sabía yo hacer. Y entonces filmé “Pueblo quieto.

Corría el año de 1954. En ese mismo años, lejos ya de los papeles de catrín romántico, filmó cuatro películas más de esplendor ranchero: “ Música, espuelas y amor”; “La barranca de la muerte”, “El Rayo justiciero” y “El gavilán vengador”. Las últimas tres lo convertirían en un ídolo más allá de las fronteras.

-Después de “ Pueblo quieto” empecé a crecer y crecer y crecer- cuenta don Antonio. Y es que un día se me acercó Rodolfo Rosas Priego, otro productor, me dijo “Antonio, tengo una serie de películas que se parecen a las de Roy Rogers, Tom Mix a esos héroes de a caballo. Es una serie con mucho caballo. Te pago lo que quieras.” Eran tres películas de un justiciero que llega a un pueblo donde hay problemas con un cacique que se hacía el disimulado y el justiciero llega, pone en orden al cacique, lo mete a la cárcel, contenta a todos, se enamora de una muchacha que no le hace caso y se va entonado esta canción: “Cruzando veredas, llanuras, laderas y caminos reales, cantando canciones, canciones de amores sobre mi caballo, me dicen el rayo, mi nombre de pila es Mauricio Rosales “ Y ya cuando iba a desaparecer decía “respeten las leyes y vivan tranquilos a Dios los bendigo y no me despido, porque voy y vuelvo”. Ese corrido, aquí y en Estados Unidos, fue la locura. Me presenté en cines y teatros y luego fui a países como Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, y en todos lados era igual. Mauricio Rosales era un héroe de todo el mundo.

Antonio, era evidente, no era más Tony: era el amigo del pueblo, el ranchero, el Rayo vengador

Por esa calle vive

Y por esa calle vive la que a mi me abandonó su mamá tuvo la culpa pues ella la desanimó y por esa calle vive la que a mi me abandonó su mamá tuvo la culpa pues ella la desanimó

Ella lloraba otro día por la mañana de un sentimiento que ella guardaba se agachaba y sonreía pensaría que le rogaba yo mentiras yo no le ruego ese tiempo ya se acabó

Ella lloraba otro día por la mañana de un sentimiento que ella guardaba se agachaba y sonreía pensaría que le rogaba yo mentiras yo no le ruego ese tiempo ya se acabo

 
 
 
© Copyright Grupo Editorial Zacatecas, S. A. de C. V.
Avenida Revolución No. 24 Col. Tierra y Libertad. Guadalupe, Zac. (México)
C. P. 98600 Tel.y fax (4) 923-44-12
, 923-88-98