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ANTONIO AGUILAR

Decidió no dejarse alcanzar por el destino sino ir delante de él

POR CECILIA KÜHNE

A los dos meses de haber dejado el Minuit, Tony Aguilar estaba en Hollywood. Alquiló un departamento en Sunset Tower, en Sunset Boulevard y se dedicó a la buena vida.

A los dos meses ya estaba en Hollywood, - cuenta Antonio Aguilar recordando el día en que regaló el cabaret Minuit. Dejé mi casa de la Torre Latinoamericana y renté un departamento en Sunset Towers, en la muy elegante de la calle de Sunset Boulevard. A todos los artistas que habían sido mis invitados en el cabaret, los más famosos, gente como John Wayne, Gary Cooper, Alex Smith y Gene Kelly, les avisé que ya estaba ahí y que mi casa estaba abierta para recibirlos día y noche. Tenía meseros para atenderlos y licor para que se emborracharan.
Cierto es que una vida sin fiestas es como un largo camino sin posadas Y una vez fuera de México, al recién llegado le dio por celebrar. Dicen que las fiestas en casa de Antonio Aguilar eran divertidas y de gran ambiente, nunca faltaba nada, se conversaba hasta altas de la noche oyendo música, comiendo y bebiendo. El zacatecano era bien conocido por todos, los actores lo apreciaban, las mujeres lo deseaban y toda la farándula de la Meca del cine lo consideraba como de su familia. Pero tanta abundancia no podía durar. En un mes, Antonio se había gastado 38 mil dólares pero tenía la sensación de estar gastando tiempo. Muy a menudo se preguntaba en qué momento soñaba: si de día, pensando en sus viejas ilusiones; o de noche, cuando el reino del sueño le transmitía continuamente la verdad: que él quería ser cantante y no estaba en el sitio adecuado.

- Allí me di cuenta de lo fuerte de mi voz- recuerda Antonio Aguilar- tenía fresco todo lo que había estudiado y no quería renunciar a dedicarme al canto. Entonces regresé a México y me dediqué a andar de calavera como unos tres meses. Me encerré a tomar clases con Jesús Mercado Toro que había cantado en el Caliente de Tijuana con Rita Hayworth cuando era bailarina. En ésas andaba cuando se me aparece don Vicente Miranda y me dice “ vengo a pasarle mi cabaret ; le doy el diez por ciento de las ganancias y usted manda y dispone”.
Miranda , además de su amigo, era dueño del centro nocturno El Patio que estaba metido en un atolladero.
- Le dije bien claro que no y él me seguía convenciendo. “ Pero Antonio, me decía, yo tengo aquí a fulano, zutano y mengano y van a presentarse, a ganar mucho dinero... y usted ¿qué va a hacer?”. Yo quiero cantar, le contestaba. Pero él me decía que podía esperarme. Entonces regresé a Zacatecas a pensar. Tenía la duda tremenda entre aceptar lo de El Patio o continuar con mis ideas de ser cantante. Yo sabía que iba a sufrir. Y en el rancho me puse a hacer adobes )porque yo sé hacer adobes- y levanté la huerta. Estuve como cinco meses en mi tierra, trabajando con las manos y luego regresé a México a darle mi respuesta.

Cuando estuvo delante de don Vicente, Antonio nada más le dijo:

- No, muchas gracias. Yo voy a ser cantante. Eso es todo. Voy a rentar un departamento cerca de aquí y voy a estudiar solfeo y canto. Eso fue lo que hice durante cuatro años.

Dice un sabio refrán que el hombre fuerte crea sus acontecimientos y el débil sufre los que le impone el destino. Y como Antonio Aguilar es de los primeros, estaba decidido a procurarse el mejor de los destinos. Y así lo hizo. En su departamento, que le costaba 250 pesos al mes, se dedicó a hacer lo que había planeado.

- Yo estaba en eso y sólo en eso. Cierto que no me la pasaba mal: en mi casa, por ejemplo, me visitaban muchachas que de pronto me preguntaban. “¿y no puedes dejar una clase de canto por mí?” Y yo les decía que no. Y punto. Nadie me iba a quitar esa energía. A los cuatro años me dice mi maestro: “Está usted listo. Con los años que ha estudiado y estos últimos cuatro suman once, ya váyase y haga su vida.”

John Wayne era uno de los artistas que asistían a las fiestas que organizaba Antonio Aguilar en su departamento de Hollywood.

Antonio se fue a hacer discos. Corría el año de 1950 y, gracias a las amistades que había conseguido, pudo grabar bajo el sello de Iberia, filial de una compañía española de gran prestigio. Cierto que los temas no eran de ópera sino canciones que estaban de moda como “Noche de luna en Jalapa”,”Volveré” y “Paso a paso”. Sin embargo, su calidad vocal, su amplio registro y su educación musical le otorgaron a las melodías una calidad que no tenía ningún otro cantante popular. Aquellos discos provocaron que se le acercara el empresario Antonio Garza Campos para ofrecerle debutar como tenor sustituto en las óperas Payaso y Cavalleria Rusticana.
Antonio estaba feliz pero tenía una espinita clavada: quería tener un programa de radio. El edificio de la calle de Ayuntamiento, sede de la XEW, no se le salía de las ganas. Por eso fue a ver al “Bachiller” Gálvez y Fuentes, figura radiofónica muy importante en aquella época y amigo suyo desde los tiempos del Minuit. Llevaba sus grabaciones bajo el brazo, le pidió que las escuchara y explicó que le gustaría tener una oportunidad de interpretar en radio su “música fina”. El Bachiller y el dramaturgo Rafael Solana escucharon atentamente. Fascinados, le dijeron que su camino era la canción popular y no la ópera. No hubo debut teatral pero sí radiofónico.
El 22 de julio de 1950, a las diez y quince de la noche, desde la XEW, “La voz de la América Latina desde México”, Antonio Aguilar, adelantándose al destino, asombró al mundo con su propia voz.

El Chivo

Barrio de Jesús María
Ay que tropezón me di por andar toreando un chivo de los malditos de aquí.
Verdad de dios que se los digo que solo el cielo sera testigo
Me gusta dormir en alto pa’ pasearme en la azotea y gritarle al buey que tienes que aquí esta quien te torea.
Verdad de dios... etc.
La boca me sabe a sangre y las manos a panteón de que miro a los panteras se me alegra el corazón
Verdad de dios... etc
Yo vengo de Zacatecas barrio de las calaveras soy amigo de los hombres y azote de los pantedras
Verdad de dios... etc
Ay chivos achivarrados hijos del chivito aquel ya mataron a su padre pero queda el hijo aquel
Verdad de dios... etc
Soy de las peñas mas altas donde habitan puercos, leones soy amigo de los hombres y azote de los camiones.
Pero es verdad que se los digo que solo el cielo sera testigo.

 
 
 
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