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ANTONIO AGUILAR14

 

Y en el principio, Tayahua.

POR CECILIA KÜHNE

De mi madre, doña Angela, quien tenía una voz preciosa, nos viene el canto. A mi, a mis hijos y hasta a mi sobrina, Lupita Pineda.

Yo soy de un rancho revolucionario lleno de antiguos cristeros - dijo Antonio Aguilar aquella tarde, cuando quiso acordarse del principio. Ellos me contaban sus anécdotas, me cantaban sus corridos, me platicaban, me hacían llorar, me invitaban, dormía con ellos, íbamos juntos a la Sierra. Yo conviví, y lo digo con mucha satisfacción, con el auténtico ranchero, el verdadero peón de México.

Tayahua todavía no aparece en sus palabras pero es claro que ahí está. Y cuando Antonio Aguilar piensa en la escuela habla de las enseñanzas de aquella convivencia.

-Fue por ellos, por aquellas familias tan decentes, tan honestas, que se me metió en la cabeza la época revolucionaria. No había canción de la Revolución que no me hubiera aprendido, no había corrido de caballos que se me olvidara. Y mucho tiempo después, como actor y productor, llevé todo eso a la pantalla.
Una vez confesado lo anterior, Aguilar parece perderse en los senderos de la hacienda de su padre.
- Zacatecas para mí- dice don Antonio (quizá porque está muy lejos, sentado tras su escritorio de la Ciudad de México) es la cuna. La cuna de mis padres, también de mis abuelos, de mis antepasados. Es un lugar de ensueño, un lugar de recuerdos, un sentimiento profundo, donde estudié y pasé mi juventud. No nací en la ciudad sino en Villanueva, y como me crié en Tayahua, tengo la idiosincrasia de hombre de campo.
Cuenta la leyenda )porque los Aguilar son en Zacatecas una leyenda- que la hacienda de Tayahua fue, no sólo el escenario de la infancia y la crianza de don Antonio y sus hermanos, sino también el verdadero símbolo de su estirpe. Un lugar unificador, donde las tradiciones familiares estaban siempre vivas y donde aún hoy, cuando cualquier miembro de la dinastía se enfrenta a un dilema, sufre de un apuro o se lo lleva la tristeza, regresa y encuentra refugio, solución y consuelo. Como si el espíritu de Ángela y Jesús los siguiera aconsejando.
En ese momento recuerdo, en la lejanía de la memoria, la voz de Antonio Aguilar cantando con mariachi Que Dios me castigue y entiendo por qué había visto tanta lágrima cuando se escuchaba “qué bonito, qué bonito. Ay que orgullo es tener padre y madre, pero el día que Dios los recoge, qué tristeza tan cruel nos invade. Qué dolor da quedar huerfanito y tirado como yo en la calle.” Pero me recompongo y pregunto:

-¿Sus padres cantaban?
- Mi mamá tenía una voz preciosa, dice sonriendo, don Antonio. Y a mi padre le encantaba la ópera. Iba a Aguascalientes y le traía a mi madre lo más reciente de discos de ópera y ella imitaba las voces de las artistas más famosas de la época, porque mi madre tenía voz con coloratura de soprano, maravillosa. De ella viene nuestra herencia: la mía y la de mis hermanos-porque todos cantan- y hasta la de mi sobrina, Lupita Pineda, que tiene una voz privilegiada. A mí me encantaba escuchar a mi madre, me fascinaba oírla cantar. A lo mejor por eso fui muy faldero, me le pegaba mucho. Disfrutaba tanto su voz entonando arias de ópera que a lo mejor por eso estudié canto clásico durante tantos años.

Don Jesús Aguilar Aguilar, padre de Tony Aguilar, ranchero de Tayáhua, tenía gusto por la ópera. “A lo mejor por eso estudié canto clásico tantos años”, recuerda el artista zacatecano.

Después de oírlo hablar el ambiente se antoja encantador, lleno de música y campo. Sin embargo, en algún momento, los Aguilar debieron abandonar Tayahua. Los ecos de la Guerra Cristera -aquella tiesura amarga que culminó en un nuevo enfrentamiento entre la iglesia y el estado - llegaron hasta la hacienda de Don Jesús Aguilar y Aguilar y la familia tuvo que mudarse a Aguascalientes. Gracias a Dios y al destino, el tiempo del alejamiento duró poco.
Pasado el chubasco,. los Aguilar volvieron a Tayahua y los muchachos a afinarse al son de las labores del campo para enseñarse a vivir con grandes cargas de trabajo. Cierto que la tormenta había quedado atrás pero todavía no escampaba. La situación económica era difícil, había que pagar deudas ajenas, desempeñar innumerables oficios y trabajos para irla pasando y resignarse a sufrir el exilio de los hermanos yéndose a estudiar lejos.
Un día, más aciago que con sol, los padres de Antonio, decidieron que el muchacho podía perfectamente ser un buen sacerdote e ingresar a un seminario. Pero los caminos de Dios son inexpugnables y estaba escrito que Antonio no tomaría los votos. El seminario fue clausurado y don Jesús, preocupado por hacer de sus hijos hombres de provecho, le consiguió a Antonio techo y trabajo en Santa Rosa. No fue una novedad, se trataba de manejar un rancho. Pero ahí, el joven Aguilar, se topó con un interés insospechado: maquinaria nunca antes vista para facilitar las labores del campo. Con interés de relojero aprendió los procesos de su funcionamiento, en dónde engranaba cada tuerca y cada pieza, cómo mantenerlas caminando y a manejarlas antes que todos y mejor que nadie. Fue entonces cuando un tío suyo supo que Antonio debía volar.
Y lo mandó a Estados Unidos con una beca para estudiar aviación.

Tristes Recuerdos

EL TIEMPO PASA
Y NO TE PUEDO OLVIDAR
TE LLEVO EN MI PENSAMIENTO
CONSTANTE MI AMOR
Y AUNQUE TRATO DE
OLVIDARTE
CADA DÍA TE EXTRAÑO MAS

LAS NOCHES SIN TI
AGRANDAN MI SOLEDAD
A VECES HE ESTADO A PUNTO
DE IRTE A BUSCAR
DIME QUE COSA ME HICISTE
QUE NO TE PUEDO OLVIDAR

SI VIERAS, YO COMO TE RECUERDO
Y EN MIS LOCOS DESVELOS
LE PIDO A DIOS QUE VUELVAS
SI VIERAS, YO COMO TE RECUERDO
SERA PORQUE AUN TE QUIERO

ESPERO QUE TU, ESCUCHES ESTA CANCIÓN
DONDEQUIERA QUE TE ENCUENTRES ESPERO QUE TU
AL ESCUCHARLA TE
ACUERDES DE MI
COMO ME ACUERDO DE TI

SI VIERAS, YO COMO TE RECUERDO
Y EN MIS LOCOS DESVELOS
LE PIDO A DIOS QUE VUELVAS
SI VIERAS, YO COMO TE RECUERDO
SERA PORQUE AUN TE QUIERO

ESPERO QUE TU, ESCUCHES ESTA CANCIÓN
DONDEQUIERA QUE TE ENCUENTRES ESPERO QUE TU
AL ESCUCHARLA TE
ACUERDES DE MI
COMO ME ACUERDO DE TI

 
 
 
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