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ANTONIO AGUILAR

Hoy me siento mejor que nunca ...

Hace menos de cuatro semanas, Antonio Aguilar estaba en el hospital; IMAGEN llegó hasta su casa en Ixtapalapa en la ciudad de México y vio que el más grande artista zacatecano de todos los tiempos aún está entero.

Por Cecilia Kühne
Fotos: Cri Rodríguez

La pasión ha movido toda la vida a Tony Aguilar.

Fue inevitable pensar en Heraclio Bernal, Emiliano Zapata, Lucio Vázquez y Gabino Barrera cuando entramos a la casa de Antonio Aguilar en la Ciudad de México. En las paredes de la antesala de su oficina, donde don Antonio nos estaba esperando, vimos fotografías, reconocimientos, medallas, carteles de sus películas, recuerdos de Nueva York, Grecia, la Unión Soviética, memoria de exitosas giras de familia donde Flor, Pepe y Antonio chico, cabalgan flanqueados por imágenes de Agustín Lara, Pedro Armendáriz, el Indio Fernández y una oscura María Félix.
Antes de avisarnos que podíamos pasar llegaron Pepe y Antonio.
-¿Y cuál es la idea que ustedes tienen para entrevistar a mi papá?- preguntó Pepe.
Ahí fue donde el pensamiento de Heraclio, Emiliano, Gabino y Lucio vinieron al rescate: ellos, fijos en la memoria colectiva de México, habían sido fieles representantes de la justicia, héroes cercanos al mito y la leyenda, un ejemplo de fuerza y entereza para el pueblo y, durante su vida, Don Antonio los había llevado al cine, los había hecho cantar, los había rescatado del olvido. Pero la respuesta era más simple:
- Queremos que nos hable él mismo de su vida. Las canciones de su papá las conoce todo el mundo en Zacatecas. El que no se las sabe, no es zacatecano. Don Antonio representa no sólo a un artista muy importante para el estado, es una tradición zacatecana que hay que preservar. Solamente él puede contarnos cómo era, a dónde ha ido, cómo se portaba, cuándo empezó todo....
Entonces nos dejaron entrar.

Antonio Aguilar estaba sentado atrás de su escritorio. Sobre su cabeza, un retrato de su madre, doña Angela Barraza Márquez de Aguilar, y un poco más abajo, la foto de Jesús Aguilar y Aguilar, su padre. Sin haber ido nunca, pensamos de inmediato en la hacienda de Tayahua, donde seguramente los hijos de aquel matrimonio: José, Salvador, Antonio, Mariana, Josefina y Guadalupe habían tenido una infancia mágica, pero también muy dura. Una avalancha de preguntas esperaba, impaciente, las respuestas.
-Yo me he dedicado 50 años a trabajar sin parar, fue lo primero que nos dijo don Antonio. No he parado un solo día. Trabajaba lunes, martes, miércoles y jueves. El viernes daba dos funciones y sábados y domingos hacía tres. Toda la República la conozco, todas las rancherías, ejidos, pequeños pueblos, provincias, grandes ciudades. En Estados Unidos igual. Recorrí desde California hasta Nueva York.
-Fue el primer mexicano que actuó en el Madison Square Graden, intervino Pepe
- Fue el primer mexicano en todo- terció, rotundo, Toño chico. El primero que actuó en todos los lugares importantes.

Los caballos, siempre presentes en la vida del gran artista zacatecano.

- Así es- dijo don Antonio, con aquella voz que impone silencio-. En aquel tiempo había veto para los mexicanos en Los Angeles, en Phoenix, en San Francisco.... Ninguno podía actuar ahí. Yo llenaba todos los cines y una vez se me ocurrió llevar fotografías de mi espectáculo a los empresarios del Madison, a los del Sports Arena de Los Angeles, y les decía “miren lo que yo hago, hay filas que dan dos vueltas a la cuadra tratando de entrar, y yo adentro de ese teatro tengo caballos”. Y me decían que yo no tenía un show que valiera la pena para sus lugares, que no había espectáculo latinoamericano que llenara sus espacios. Sin embargo yo quería entrar, poner el nombre de México en alto y enseñar lo que podíamos hacer. Organicé, entonces, un espectáculo de 110 personas con cuadros mexicanos, chinas, charros, manganas, canciones y luces espectaculares. Y fue ahí donde comenzó todo.
Sin embargo, todos lo sabemos, no fue ahí donde comenzó todo. Cuando Antonio Aguilar llegó cantando sus canciones a lomo de cuaco hasta Estados Unidos, ya llevaba mucho tiempo siendo un ídolo en su tierra. El también lo sabe y sonríe, ¿estará esperando el momento propicio para contarnos?.

Hacía mucho tiempo que Antonio Aguilar no aparecía en los medios. Algunas noticias sueltas lo mencionaron, rumores vagos apuntaban dudosas apariciones, pero siempre nos faltaba algo. La última nota habló de que había ingresado al hospital hace apenas tres semanas. Entonces regresamos a su casa. Queríamos saber si estaba bien, si se podía hacer algo.
Esta vez nos recibió Toño y no nos dijo nada. Pensamos que lo correcto sería saludar e irnos pronto. Y entonces, en el patio, cerca de los belenes de la entrada, aparecieron doña Flor- guapísma, sonriente, con las uñas recién manicuradas- y don Antonio Aguilar.
- Hoy me siento mejor que nunca- dijo.
Y no estaba bromeando. Luciendo su metro ochenta y tantos, del brazo de su mujer, caminando erguido, a buen paso, nos ofreció un café, abrió la puerta de su oficina y estuvo dispuesto a seguir con esta conversación que ya lleva muchos meses.
Quién sabe por qué me pareció que estábamos oyendo las primeras estrofas del Corrido del rayo: “ Cruzando montañas, veredas, llanuras y caminos reales, cantando canciones, canciones de amores, sobre mi caballo, me dicen el rayo, mi nombre de pila es Mauricio Rosales, aquí está mi mano que brindo con gusto a los hombres cabales”...

Puño De Tierra

Vagando paso la vida,
Nomás recorriendo el mundo.
Si quieren que se los diga,
Yo soy un alma sin rumbo.
A mi no me importa nada,
Pa’ mi la vida es un sueño.

Yo tomo cuando yo quiero;
No miento, soy muy sincero,
Y soy como las gaviotas
Que vuelan de puerto en puerto.
Yo se que la vida es corta,
Al fin que también la debo.

El día en que yo me muera,
No voy a llevarme nada.
Hay que darle gusto al gusto,
La vida pronto se acaba.

Lo que pasó en este mundo,
Nomás el recuerdo queda;
Ya muerto voy a llevarme
Nomás un puño de tierra.
El día en que yo me muera,
No voy a llevarme nada.
Hay que darle gusto al gusto,
La vida pronto se acaba.

 
 
 
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